
CULTURAL
Pintor arequipeño Enrique Urízar cumple 50 años de vida artística
“UN PUEBLO QUE NO AMA A SUS ARTISTAS, NO ES UN PUEBLO CIVILIZADO”
Escribe: Rafo Bryce
Me abrió no sólo la puerta de su casa en Vallecito, sino además su corazón. Un corazón bondadoso que irradia historia y que ha dado vida a innumerables lienzos a lo largo de medio siglo de exitosa trayectoria. Por ello, el justo homenaje que le rinde la Municipalidad Provincial de Arequipa al organizar la muestra “En la huella del tiempo”, y por eso la visita obligada al hogar de Don Enríque Urízar Berríos, un verdadero protagonista de la cultura en Arequipa.
YANAHUARA
Enrique Urízar nació en Yanahuara hace 77 años y creció en medio de la campiña y la tranquilidad de una ciudad casi pueblerina. Una naciente urbe de pobladores que no requerían ir a la tienda para el desayuno, pues este venía muy temprano a casa. “Los burros venían a diario cargados con la leche y el pan”, recuerda con nostalgia el pintor. Fue este ambiente rural el que despertó su interés por los paisajes, pero su madre jugó un papel importante para su iniciación artística. “Tendría unos siete años cuando mi mamá me regaló una caja de acuarelas con lápices de colores y unas cartulinas. Empecé a pintar de inmediato”, refiere.
De colegial descubre la acuarela con su profesor Manuel Morales y ya egresado la influencia de César Calvo de Araujo conocido como el “Pintor de la Selva” consolidan al artista que opta definitivamente por la pintura, siendo su principal inspiración los parajes bucólicos que lo marcaron de niño. “Empecé pintando paisajes y la campiña donde crecí. Mi primer trabajo fue pintar la Iglesia de Yanahuara, todo un símbolo para mí. Luego pinté Chilina, Acequia Alta, Sabandía, El Molino.”
AUTODIDACTO
Como todo maestro que se respete Don Enrique no pisó universidad, no la necesitaba, fue autodidacta. “Creo que un pintor no se puede crear netamente en una escuela, tiene que tener gran parte del propio alumno. En mi época ya se había creado la Escuela de Bellas Artes, pero a mi me gustó siempre ser libre como el viento. Yo no era de estar sentado en una aula”.
Con los años el prestigio del maestro Urízar fue creciendo y la fue la propia Escuela de Bellas Artes que lo invitó para que enseñara, pero no pudo cumplir con el honroso encargo, pues apreciaba más su libertad. “Sólo fui los primeros días de un mes. Nunca pude compaginar mis tiempos, yo salía al campo para pintar y viajaba mucho. Eso sí, en cualquier momento daba consejos, sugerencias. Nunca fui egoísta en ese sentido”.
POR AMOR AL ARTE
A mediados de los cincuentas no habían muchas galerías de arte en Arequipa, por eso el artista recuerda con cariño su primera exposición que fue en el Instituto de Extensión Cultural de la UNSA que funcionaba en lo que hoy conocemos como el Paraninfo de la calle San Agustín.
Para la siguiente década la efervescencia cultural creció y se crearon nuevos espacios para el arte, algunos muy osados para la época. “Se llegó a exponer en las Galerías Gamesa que se conectaba con la que tenía el Banco Popular. Era todo un acontecimiento pues artistas, intelectuales y autoridades se daban cita allí para las exposiciones.Los medios también sintonizaban con el movimiento cultural de la ciudad y tal vez mejor que en la actualidad. Para el artista antes había mayor cobertura de la prensa. “Hemos sido avasallados por los deportes en desmedro del arte. Un pueblo que no ama a sus artistas, no es un pueblo civilizado. Antes los periódicos tenían páginas dedicadas al arte.
Recuerdo una columna de José Valdez que aparte de reseñar una exposición narraba la bohemia de la ciudad y sus artistas, se ha perdido eso.”En esos años maravillosos el arte y Arequipa estaban de moda. No era raro que mucha gente viniera de la capital y otras ciudades para comprar cuadros, de manera especial a los acuarelistas que siempre fueron muy cotizados. Pero no todos podían jactarse que vivían de ello, Enrique Urízar, era uno de ellos. “Tengo la gran satisfacción de haber desarrollado material y espiritualmente mi vida con el arte. Yo vivo de y por el arte, tanto así que pude darme el lujo de haber sostenido a mi familia, darle educación a mis hijos y conocer el mundo con mi pintura”.
Y vaya que fue un trotamundos, pues gracias a la intermediación de su amigo diplomático Fernando Rojas Samanez y a su talento innegable el artista arequipeño expuso en Bolivia, Argentina, Chile, Venezuela, Panamá, España, Suiza, Francia e Italia. Aparte de haber conocido otros países, con el único propósito de nutrir más su inspiración.
LOS PATITOS
Muchas anécdotas conserva el artista en su memoria, pero rememora una en especial. Hace años en una exposición una señora miraba fijamente uno de sus trabajos que era un paisaje con unos árboles y un lago. Al día siguiente la misteriosa dama regresó y continuaba con la obsesión. Al acercarse el pintor, ella le dijo emocionada que la pintura le traía recuerdos cuando de niña jugaba a los patitos. Este era un juego que consistía en tirar unas piedritas planas a los pozos de tal manera que avanzaran lo más lejos posible. Pero luego le dijo apenada que no podía comprar la obra porque sus medios no se lo permitían.”Señora no se preocupe, me lo acaba de pagar y con creces. Yo también jugaba a los patitos”, fue la respuesta del artista que le regaló el cuadro complacido.
Al terminar de narrarme la historia Don Enrique hace una pausa y se queda pensativo. Sus ojos se le humedecen y me pide disculpas por su emoción. “No se preocupe maestro” le digo. Si la señora le pagó el cuadro de esa manera, usted al permitirme ver sus lágrimas de artista, acaba de darme la mejor retribución desde que trabajo en este semanario. Gracias por el honor señor Urízar.